Cuento Cristiano: Amelie y las Flores Colgantes

Érase una vez, que una pequeña niña, llamada Amélie, andaba caminando por el fondo de su casa a un lado y otro, hasta que le dio muchas ganas de entrar en un viejo galponcito con techo de chapa que se encontraba en el fondo de su casa.

Cuento para niños en versión video (texto abajo):

Sus padres lo usaban para guardar cosas viejas en cofres. Le encantaba revisar todo lo que se guardaba en esos cofres, el lugar estaba lleno de recuerdos, como algunos viejos juguetes, una bicicleta, un monopatín con la rueda rota y fotos antiguas.

Los cofres estaban acomodados en forma de escalerita, parecía fácil trepar en ellos y subir hasta arriba, entonces Amelie Intentó escalarlos poco a poco hasta llegar a lo más alto. Se veía algo peligroso para ella. Y mientras hacía todo esto, su mamá no se había dado cuenta a donde se había metido.

Estando muy curiosa allí arriba, se quedó mirando hacia abajo y le dio un poco de miedo. También observó esa pared en la parte alta, donde justo el sol entraba como un rayo, por medio de unos pequeños agujeritos que reflejaban donde estaba sentada.

Luego de un momento, comenzó a limpiarse las manos en la pared, porque las tenía pegoteada de las golosinas que le traía su tía cada vez que venía, la pared estaba viejita y tenía mucho musgo, y cuando comenzó a tocarla, se sentía fresca y agradable. Tanto le gustó, que con sus dos manos las tocó muchas veces.

Al otro día subió de nuevo y volvió a escalar con mucho cuidado de no caer por aquella pila de cofres.

En esos días, con su familia, tomaron unas vacaciones, en las que se divirtió mucho. Y al volver, recordó otra vez el galponcito, y allá fue. ¡Pero algo maravilloso había pasado!, la pared gris y oscura que ella tocaba, ¡se había llenado de preciosas flores colgantes! y brillaban alumbrando todo el lugar con luces coloridas que brillaban por los rayitos de luz que entraban por los huequitos del techo.

Salió corriendo a llamar a sus padres y a su hermano, para mostrarles lo que sus manos habían hecho. Ellos no le creían, pero miraban maravillados las flores colgantes. Amélie les explicó varias veces, cómo sus manos habían creado algo asombroso.

Ella quedó muy feliz, cada vez que pasaba por allí, miraba sus manos y luego las flores.

Luego de todo esto, Amélie siempre estaba segura de que con sus manos podría hacer obras maravillosas.

Pero… ¿qué había pasado? Pensando, sus padres se dieron cuenta que unas muy pequeñas semillitas de flores estaban desparramadas por todo ese lugar, y cuando ella trepaba, se le pegaban en sus manos, (que casi siempre tenía pegoteadas por alguna golosina) y luego de unos días, ayudadas por la humedad y los rayitos de sol, brotaron varios tipos de flores, de muchos colores.

Así como Amelie se dio cuenta que con sus manos podría hacer cosas hermosas, también tú, siempre recuerda que eres único y especial. En la vida podrás hacer muchas cosas fuera de lo común. Dios tiene un plan para ti, porque te ama y eres genial.

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